Barcelona supera a Madrid en inversiones a startups tecnológicas

El ecosistema de la capital catalana es muy superior al de Madrid en rondas de inversión, cantidad invertida y salidas exitosas. A pesar de éxitos recientes, aún queda mucho camino que recorrer


En cuanto a startups de tecnología innovadoras, Barcelona sigue siendo la capital de la península por delante de Madrid. 2016 fue un año dónde se consolidó el salto de la Ciudad Condal a nivel de acuerdos de inversores, y el primer trimestre de 2017 parece seguir manteniendo la tendencia.

Según las cifras publicadas por el fondo de inversiones K Fund, durante los primeros tres meses en Barcelona y alrededores se llegaron a 30 acuerdos que sumaban una inversión de casi 240 millones de euros, una cifra que destaca comparado con los 35 millones de euros conseguidos en 21 acuerdos por las empresas con sede en Madrid.


Jaime Novoa, miembro de K Fund, responde que las diferencias reside en que “hay mucha comunidad internacional asentada en Barcelona, que añade riqueza al ecosistema. Mucha gente de Europa y de otros países que va allí atraído por la ciudad se quedan a fundar su empresa o como trabajadores”. Apostilla que cree que el ecosistema de Barcelona es “más maduro porque hubo empresas grandes tecnológicas antes que en Madrid” pero que es difícil calibrar si es un gran punto diferenciante.

En este sentido, Jesús Monleón, inversor de capital riesgo veterano en el ecosistema español y parte del equipo de Seedrocket, piensa de forma similar: “Tradicionalmente Barcelona ha tenido un ecosistema de emprendedores más fuerte que el de Madrid”, que mostró una especial resistencia a la hora de superar la explosión de la burbuja de principios de la década pasada.

Fueron muchos de los empleados veteranos de ese ecosistema barcelonés que posteriormente fundaron o fueron empleados iniciales de nuevas empresas potentes. Que es el ciclo de la vida del ecosistema compuesto por empleados, fundadores e inversores.

Con respecto a Madrid, Novoa opina personalmente que el ecosistema emprendedor está “más cohesionado”. Hay “más multinacionales y grandes empresas en las que puede ser posible pescar talento”. La ciudad del Manzanares también es la residencia de la mayor parte de los fondos de capital según Novoa.


Novoa opina, remarcando los datos mencionados: “Sí, por supuesto. No al nivel de Barcelona o Madrid. Pero ciudades como Málaga, Valencia y en las capitales de Euskadi hay cosas muy interesantes”.

A pesar de esa diferencia entre las dos mayores urbes de la Península, su consejo para futuros fundadores que residan fuera es que no hace falta coger las maletas. “Desde mi opinión nadie debería mudarse a Barcelona o Madrid para montar una startup tecnológica” opina Monleón, citando el coste más elevado de los empleados en ambas ciudades.

Novoa comparte opinión. Aunque “llegado a cierto tamaño, estar en Madrid o Barcelona puede ayudar en temas de contratación y conseguir nuevos clientes.”

En general, el ecosistema español, a pesar de grandes historias de éxito recientes como Wallapop, Letgo, Ticketbis, Cabify, etc. sigue sin hacerse con un hueco estable entre los cinco países con más inversión de Europa. Un ranking que tradicionalmente incluye a Israel, y que rota con Francia, Alemania y Reino Unido en las primeras cuatro posiciones de forma constante.

Suecia, Países Bajos o Irlanda compiten duro con España gracias conecosistemas de tamaño similar a pesar de tener población mucho menor. Cada país tienen sus fuertes. Como comenta Monleón, Barcelona es capaz de atraer fundadores gracias a la calidad de vida de la ciudad, algo que quizá Helsinki o Rotterdam no puedan compararse.

Destacan de forma negativa casos como el de Italia, que no parece encontrar la forma de crear un terreno que fomente el emprendimiento con legislación especialmente complicada.

Y como le pasa a España en comparación con el resto de Europa, le pasa a Europa en comparación con Estados Unidos. A pesar de contar con economías de similar tamaño, EE.UU. tiene ocho veces más fondos de capital riesgo que invierten cuatro veces más que sus colegas europeos.

Un panorama que no parece que vaya a igualarse pronto, a pesar de los continuados esfuerzos por parte de las instituciones europeas y de los países miembros.