19 locales donde encontrarás los mejores bocadillos de Madrid y Barcelona

Desde el clásico con jamón hasta el recién llegado bao o el curioso bocaarroz


Antes de ser destronado por el bollycao, el bocadillo era la estrella de la merienda infantil. Como tentempié a media mañana o cena rápida no tenía rival y nos alimentaba en el campo y en la playa, pero la caída en picado de la calidad del pan y la bollería y precocinados industriales casi le dan matarile.
Su resurrección sigue la estela de los nuevos y bravos panaderos artesanales, con el aire de la nostalgia soplando en sus velas y ese gusto por lo tradicional que vuelve a nuestras mesas. Se dice que nació allá por 1762por capricho del inglés John Montagu, IV conde de Sandwich, que pidió un filete de carne entre dos rodajas de pan para apaciguar el hambre durante una larga partida de cartas.
Sea como fuere, sus infinitas posibilidades hicieron que se propagara por el mundo y que se pueda hacer una ruta internacional de los más populares: bocata de tortilla de patatas en España, tortas ahogadas en México, smorgastarta en Suecia, francesinha en Portugal, croque monsieuren Francia, lobster roll en Estados Unidos, suvlaki en Grecia...
Recorremos algunos de los locales que han hecho que volvamos a hincarle el diente a un buen bocadillo, de sello nacional o foráneo. Mejores que los que nos hacían nuestras madres.

John Barrita
C/Vallehermoso, 72. Madrid
Tan recién llegado como bien recibido, ya que lleva el sello de los cocineros Javi Estévez y Quike Pedraza (La Tasquería) y los panaderos John Torres y David de la Cal (La Panotheca). Los bocadillos se presentan abiertos para que el comensal empiece a salivar con contenidos como el castizo de calamares fritos con mahonesa blanca y negra, que envuelve una chapata de ajo o el de carrillera guisada con mahonesa de chipotle y cebolla encurtida, en plan blanco.
También ofrecen “sobre pan”, especie de tostas como la de pan de semillas, pisto verde, huevo 61º y salmón ahumado, una pequeña selección de platos y tres postres, dos de ellos basados, cómo no, en el pan: torrija con helado y budin con chocolate.

El porrón canalla
C/Ballesta, 2. Madrid
Avalado por Juanjo López (La Tasquita de Enfrente), quien reivindica en este espacio de mesas corridas “los bocatas de madre de siempre” mejorados en la materia prima, con embutidos de Arturo Sánchez y conservas Frinsa.
Entre panes artesanos de Viena La Baguette (barrita, mollete normal y pequeño, chapata y flautín) sirven tortilla de patata con salsa canalla, Merkel de cabeza de jabalí, dijonesa, pepinillo y cebolla blanqueada, mejillones en escabeche con patatas fritas o de calamar con rayadura de limón. En esta casa se bebe en porrón el vino y la cerveza.

Bocadillo de jamón y champán
C/ Fernando VI, 21 y Avenida Menéndez Pelayo, 15. Madrid
Con la vocación de “elevar el bocadillo español a la categoría gourmet” hicieron del jamón de bellota y el champán la pareja estrella. El jamón, servido en varios tipos de panes, se puede tomar solo, con tomate y aceite de oliva, con queso manchego viejo o con queso cremoso, pimientos de piquillo y cebolla caramelizada. Para acompañarlos, un breve pero buena selección de champañas y algún cava.

Joselito’s
Calle de Velázquez, 30. Madrid
Con una carta más extensa de chacinas, ensaladas, entrantes y carnes, también cuenta en su local del número 30 de Velázquez (tiene otro en el 5 de Narváez) con bocadillos de sus embutidos y jamones, pregonados como los mejores del mundo por el mismísimo Ferran Adrià, y con un mollete relleno de lagarto Joselito con ensalada de col y pepinillo para chuparse los dedos.

Crumb
C/ Conde Duque, 8. Madrid
Pan de elaboración propia con harinas ecológicas y masa madre (de trigo, de semillas, de patata, miel y cebolla, con centeno...) y carta que incluye un sándwich del día y propuestas bien elaboradas como las sardinas marinadas en casa con sumak, tapenade casero, ensalada de cherry a las hierbas y mayorisa o el “veggie” con pesto de tahina, tomate deshidratado, berenjena y calabacín al grill, boniato y queso de cabra.

The Big Banh
C/Don Felipe, 4. Madrid
Bocadillos vietnamitas en el barrio de Malasaña. Este pequeño local trae a la capital los bánh mì, resultado de la fusión de la cocina francesa (el pan es tipo baguette) y la vietnamita. Tres opciones de carne (pollo, cerdo y ternera) con distintos marinados y encurtidos, además de una vegetariana con albóndigas de arroz, aliñados con mayonesa japonesa, pepino y cilantro.

San Wich
C/Espíritu Santo, 3 y Hortaleza, 78. Madrid
Bocadillos marca Chile, donde es habitual que conformen una comida contundente. Aquí no faltan el Barros Luco (filete de ternera, mozarella fundida y mayonesa) que se creó para el presidente del que toma su nombre, el de mechada a lo pobre (ternera mechada, cebolla caramelizada, mozzarella, huevo frito y mayonesa), o el chacarero (filete de ternera, porotos, tomate, ají verde y mayonesa).

La Casa Tomada
C/San Lorenzo, 9 y Jorge Juan, 55. Madrid
Este proyecto de los hermanos José Antonio (cocinero) y José Miguel del Pozo (ilustrador), llegados desde Venezuela, toma el nombre de un cuento de Cortázar y se inspira en la comida callejera venezolana con muchos guiños a Norteamérica. Para compartir salvo que se tenga muy buen saque.
El fat roast beef (horneado en casa con bacon, cebolla salteada y gratinado de queso Gouda), el big balls (albóndigas en salsa napolitana con queso provolone y mozzarella) o el cangrejero loco (pollo fito, queso cheddar y gouda, bacon, lechuga y salsa tártara) figuran entre los favoritos de la clientela. Falafel sandwich para los vegetarianos.

Buns&Bones
C/ San Bernardo, 12 y Mercado de Antón Martín. Madrid
Al calor de la fiebre por los baos nació este espacio que hace viajar al bollito chino por el mundo rellenándolo con costilla a las cinco especias chinas, pollo frito estilo césar, gambón en tempura al ajillo, cangrejo con padrones y romescu, presa ibérica con ensalada de col y salsa tonkatsu, tofu en tempura con pisto o de calamares fritos con salsa de jalapeños. Además los “bones”, varias propuestas de carnes y algunos platos de corte asiático, aunque los buns son la estrella.

La Sanducherie
C/Santa Teresa, 1. Madrid
Pan ciabatta, focaccia, brioche o multicereales (recomiendan el mejor para cada propuesta, aunque se da libertad de elección), patatas fritas trufadas o tradicionales y rellenos “de autor e inspiración internacional”.
Declaración de intenciones que toma forma en el Mazinger Z’s (setas horneadas con ajo y salvia, alioli, tomate y queso ahumado), Phillip (lonchas de entrecot de ternera con escalivada, provolone y salsa especial), pollo thai (pollo marinado con salsa especial, mezclum de lechugas, cilantro y hierbabuena) o El Vikingo (salmón ahumado, cebolla frita crujiente, mayonesa de chipotle, lechugas, queso crema con cilantro y aderezo de la casa). En su carta de bebidas destacan los cócteles.

Granjero busca campero
C/Barbieri, 13. Madrid
Tan de Málaga como los espetos y el ajoblanco es el campero, bocadillo de mollete de Antequera “planchado” que debe quedar crujiente por fuera y jugoso por dentro. Así lo despachan en este local de Chueca, donde a la base habitual de queso, lechuga, tomate y mahonesa se le añade pollo, jamón, atún, bacon, lomo, salmón o camembert. Son en formato XXL, excelentes para compartir o cerrar un ayuno, aunque para los menos glotones está el tamaño pepito.

La Garriga
Madrid y Barcelona
Con varios locales en Madrid y Barcelona, la historia de esta empresa familiar se remonta casi 60 años atrás, cuando Joan Pedró abrió en Tenerife un formato de charcutería-degustación inédito hasta la fecha. Junto con María Subirats expandió el modelo de negocio, hoy en manos de la tercera generación, con bocadillos calientes y fríos, también en formato pulguita y rellenos principalmente de embutidos, entre los que destacan los de butifarra banca y negra.

Sagás
Plaza de Legazpi, 8 (Madrid) y Pla de Palau, 13 (Barcelona)
El Grupo Sagardi fichó a Oriol Rovira, con una estrella Michelin en Els Casals, para hacer un viaje gastronómico por lo mejor de la cocina de la calle internacional para comer con las manos y entre dos trozos de pan. Empezando por Cataluña con el bocadillo de longaniza de Cal Rovira y los de butifarra negra y blanca, y por Madrid con el de calamares, para viajar a Euskadi con el bocata de txangurro, a China con el pork bun o a Vietnam con el bánh mì de porchetta.

Entrepanes Díaz
C/Pau Clarís, 189. Barcelona
Kim Díaz y su equipo de camareros con solera unen en un espacio que viaja al pasado el pan del Forn de Sant Josep con cocina. De rabo de buey, cochinillo, tortilla sin cuajar, morcilla de Jaén, cochinita pibil, txuletón, calamares, sardinas, pulpo o kokotxas rebozadas, pero el rey el es antxón, de crujiente de patata, huevo a baja temperatura y chistorra, Además, por diez euros se “compra” una charla con un camarero, que suben a 20 si se añade “con derecho a roce”.

Pockets
C/Provença, 322. Barcelona
Con el subtítulo de “guisos&cía” anuncian sus intenciones: cocina tradicional de cazuela en formato bocadillo. En la carta, un apartado de panes que firma Josep Baltà (llonguet, de cristal, payés, sin gluten y un especial que cambia mensualmente) y otro de rellenos, entre los que destacan los basados en el recetario catalán: escalivada con brie, pollo asado con samfaina, carrilleras al vino tino, codillo con salsa catalan-BBQ y albóndigas con sepia. Las “cías” de entrantes o acompañamiento incluyen las bravas Pockets, hummus y algunas ensaladas.

La Sanguchería
Travessera de Gràcia, 45. Barcelona
De Perú llegaron en manifestación ceviches y tiraditos, pero hasta hace poco sus sánguches eran unos completos desconocidos en nuestro país. Así llaman los peruanos a sus bocadillos, contundentes, que llegan a requerir varias horas de preparación por los marinados y las cocciones de las carnes. En La Sanguchería trifunfan el sánguche de chicharrón (panceta de cerdo con boniato y cebolla morada) o el de lomo saltado con pimientos, salsa de ostras y soja.

Lomo Bajo
C/Aragó 283-285. Barcelona
Opción más asequible para tomar las excelentes carnes largamente maduradas del anejo Lomo Alto, donde oficia Carles Tejedor. Tras los entrantes una oferta de “rock&rolls” de pan inglés entre cuyas rebanadas se disponen desde un tartar de buey a un pincho moruno con mayonesa y cebolla morada, otra de hamburguesas en pan Bretzel y la de pepitos de pan negro, con una versión más clásica y otra de chuletón de ternera con pimientos de piquillo. Imprescindible para los más carnívoros.

La piccolina
C/Camp 68. Barcelona
Esta minúscula cafetería sedujo a la japonesa Rie Yasui por su encantadora calidez y por la sonoridad de su nombre. Un espacio acogedor en el que prepara con mimos buenos tés, al estilo japonés, bocadillos, sopas de miso, ensaladas y, sobre todo, el producto estrella de la casa: el bocarroz. Se trata de una especie de rollito grande de sushi (envuelto con el alga) con un relleno que va cambiando cada día de la semana y que le permite jugar combinando sencillos ingredientes.

Bar Bao
C/ Arimón, 48. Barcelona
La fórmula es sencilla: una carta de platillos, brochetas y, sobre todo, baos, que se acompañan con refrescos naturales. Todo para degustar sobre un par de mesas alargadas. Una propuesta de Paco Pérez –chef del restaurante Miramar, en Llança—que se adapta al auge de la cocina callejera.
Buey de mar con corales y mayonesa de rábanos, un suculento frincadó de wagyu (con el toque crujiente de las almendras troceadas), cerdo ibérico con tendones al palo cortado, chipirones con huevo, bacon y salsa tártara (de chuparse los dedos) o hamburguesa. Son los bans que se complementan con otros platos como los mejillones en escabeche marino , la anguila al all i pebre o las brochetas.