Para algunos, el planteamiento puede resultar irónico, incluso provocador, teniendo en cuenta que Shein lleva años siendo el blanco de las críticas por la calidad de sus productos. Aun así, la plataforma china ha publicado un estudio sobre circularidad elaborado a partir de más de 15 000 clientes en 21 países. Convertida en experta en comunicación, la empresa busca contrarrestar la percepción de "moda de usar y tirar" que arrastra de forma generalizada.
"El estudio muestra que los clientes franceses priorizan criterios prácticos como el precio, la comodidad y la talla a la hora de comprar ropa. Estos resultados también indican que optan por prendas que pueden utilizar en múltiples ocasiones", señala Quentin Ruffat, director de relaciones externas y portavoz de la empresa en Francia, que evita concretar a qué tipo de productos se refiere.
El sondeo permite a Shein construir una narrativa ambigua: en ningún momento el
documento pone en valor de forma explícita la calidad o la durabilidad de sus
propias prendas. Aunque la muestra está compuesta por clientes de la
plataforma, no se les pregunta específicamente sobre los productos de Shein,
una cuestión que habría permitido responder de forma directa a las críticas
recurrentes.
Así, el 55,6 % de los encuestados afirma
utilizar sus prendas en más de 50 ocasiones, pero el estudio no detalla si este
dato corresponde a artículos comercializados por la empresa. Del mismo modo,
cuando el 84 % asegura prolongar la vida útil de su ropa (independientemente de
la marca) mediante la donación a su entorno, no se aporta información
específica sobre el destino de las prendas de Shein.
La falta de precisión se mantiene cuando el 62 % de los participantes declara
adquirir menos de 30 prendas al año. Un dato que conviene contextualizar frente
a las estimaciones de Agence de la transition écologique (Ademe), que sitúan en
13 el número medio anual de prendas compradas por los consumidores franceses,
excluyendo accesorios y ropa interior.
Asimismo, el 75 % del panel asegura donar ropa a asociaciones y organizaciones
benéficas, una afirmación que genera fricciones con los actores de la economía
social y solidaria (ESS). Estos han acusado recientemente a Shein y a Temu de
contribuir a una "inundación textil" sin "poner dinero sobre la
mesa" para participar en la financiación del tratamiento al final de la
vida útil de los productos. Por su parte, las entidades de recogida alertan de
forma recurrente del deterioro de la calidad de las prendas recibidas, en gran
medida vinculado a la proliferación de prendas procedentes de la “ultra fast
fashion”.
En los últimos años, la publicación de estudios, encuestas y libros blancos se
ha consolidado como una herramienta clave para reforzar la visibilidad
mediática y legitimar el posicionamiento de las empresas en función de las
tendencias de mercado. Plataformas como Zalando o Vestiaire Collective también han
recurrido a este tipo de iniciativas. Sin embargo, el informe de Shein presenta
una singularidad: en lugar de ofrecer un análisis global del mercado o un
retrato detallado de su base de clientes, opta por abordar de forma indirecta
las principales críticas que pesan sobre la empresa, sin llegar a darles una
respuesta explícita.

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